MEZCLA: literatura como sistema, obra como construcción
MEZCLA no se presenta como un libro convencional, sino como un sistema de pensamiento convertido en objeto editorial. Desde su concepción, la obra de Marcelo Carranza se articula en torno a una idea central: la mezcla no es un recurso, es una ley. Un código operativo que atraviesa tanto el contenido como la forma. En ese punto de inflexión —cuando la síntesis conceptual deja de ser explicación y pasa a ser estructura— emerge el trabajo editorial de Felipe Ibáñez, quien interpreta esta premisa y la traslada con rigor a la materialidad del libro.
La analogía fundacional es precisa: el obrero, la obra y el cemento. La mezcla como sustancia que une, que cohesiona, que permite construir. Cada fragmento del libro actúa como un componente de ese material compuesto, reflejo de un tiempo, un contexto y un movimiento cultural reconocible. No hay aquí voluntad de ordenar desde la lógica clásica; al contrario, el orden de los contenidos responde al azar controlado: una mezcladora de cemento decide la secuencia. Este gesto no es anecdótico, es estructural. Introduce el azar como criterio editorial coherente con la tesis del libro.
El universo de Carranza se despliega como un campo de resonancias compartidas. Referencias como Atahualpa Yupanqui, The Beatles, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, Frank Sinatra, Joan Manuel Serrat o Charly García no funcionan como citas decorativas, sino como nodos culturales que activan पहचान en el lector. La intimidad del autor se mezcla con una memoria colectiva, generando una zona de contacto donde cada lector puede reconocerse —o no— dentro del discurso.
Formalmente, MEZCLA opera como una alquimia literaria. Cuatro géneros —cuento, crónica, poesía y soneto— se integran en una estructura híbrida que evita la fragmentación y, en cambio, construye unidad desde la diversidad. Esta amalgama no diluye las diferencias, sino que las utiliza como fuerza de cohesión. El resultado es una arquitectura textual que se comporta como una casa: cada pieza cumple una función, pero es en el conjunto donde adquiere sentido.
En este contexto, la edición no es neutra. La intervención de Ibáñez actúa como dirección de obra: ordena sin domesticar, estructura sin rigidizar, interpreta sin imponer. La metáfora del cemento se traslada así al propio diseño editorial, donde tipografía, ritmo y composición participan activamente en la experiencia de lectura.
La referencia a La lengua de las mariposas, protagonizada por Fernando Fernán Gómez, introduce una clave emocional decisiva: “los libros son como un hogar”. MEZCLA asume esta idea y la lleva a su terreno. El libro como refugio, pero también como espacio compartido. Un lugar donde el autor se instala y al que invita al lector a habitar temporalmente.
Así, MEZCLA no se limita a ser leído; se experimenta como construcción. Una obra donde el pensamiento se materializa, donde el azar se convierte en método y donde la edición, lejos de ser invisible, se revela como parte esencial del discurso.
El proceso de diseño editorial parte de la premisa del pensamiento analógico y artesanal, en coherencia con los textos y propuesta del autor. Una obra que convoca a la pintura al óleo y el collage, pero también a la combinación de materiales expresivos, como el papel kraft para evocar la bolsa de cemento.
Originalmente los elementos gráficos vectoriales fueron impresos en un papel kraft pesado de formato similar al de una verdadera bolsa de cemento. Con este pliego se fabricó una auténtica bolsa que fue llenada con arena y dejada reposar durante dos semanas para que las fibras del papel cedan de modo que se deforme.
Posteriormente se despliega el papel formando un pliego extendido sobre el que se realiza la intervención plástica final.
Y para concluir esta reseña, esto es lo que dice el autor, Marcelo Carranza, sobre el trabajo de este editor, en una de las entrevistas que le han hecho en la televisión argentina.
Lamentablemente sólo se ha encontrado un registro de baja calidad.
